“Sólo
hay una guerra que puede permitirse el ser humano:
la
guerra contra su extinción”. Isaac Asimov.
Domingo, 25 de agosto, 2024.
Es definitivo. Estoy irreversiblemente
aburrido de llevar este diario. Más de dos décadas de una pérdida de tiempo
absoluta. Recuerdo haber empezado este diario antes de mis diez años, porque
había una suerte de bicho raro picándome el pecho para que escribiera, para que
me dijera cosas que probablemente sabía, pero que de no poner por escrito
podrían terminar matándome cincuenta, sesenta años después, sin haberlas hecho
conscientes. Hoy releo esas líneas y no encuentro nada que justifique tamaña
colección de polillas, carcomas y barrenillas en un mundo donde el
almacenamiento de datos pasó de esas polillas a los virus informáticos, y
hacemos tan pocos esfuerzos por acabar con los segundos como los que antaño
pusimos en acabar con las primeras. Supongo que el ser humano descubrió, en
algún momento, que si sus memorias (escritas, habladas, pensadas, filmadas) no
peligraban por intercesión de algún Némesis frío y mortal, se perdía la gracia
de recordar, de almacenar, de acaparar. Era eso, o descubrieron el peligro de
una memoria perfectamente lúcida y conectada al todo. Hoy sé que todavía me faltan
al menos un par de relecturas melancólicas de estas líneas antes de que pueda
atreverme a incendiar todos estos cuadernos; pero mientras tanto, al menos, no
seguiré haciendo el tonto engrosando estas líneas. Pongo punto y fin a este
circular, pueril e intrascendente intento de contarme mi propia vida y que las
polillas se traguen hasta la última coma y el último acento.
Zach no paraba de leer el diario de Sam.
Pasaba de una página a la otra, de un año al otro, con el orden y la disciplina
que le habían enseñado años de labor investigativa, pero sus sentidos no
estaban al máximo y no obtenía de ellos mayor cosa. Parecía que esa necesidad,
ese febril deseo de saber más de su hermano, de sentir que por primera vez le
conocía, sumado al sueño acumulado, le nublaba su capacidad analítica y se
perdía entre todas esas páginas de maneras que antes no había experimentado.
Sam y Nicole dormían en la sala y él engañaba
al sueño leyendo, con temor de no poder seguir haciéndolo cuando sus huéspedes
despertaran. Todavía no sabía por qué lo había hecho, pero no les había contado
nada de lo que había vivido en sus últimos días: su intento de entrar en el
Memory Shelter, lo que vio y escuchó desde el ángulo de la bata de Allison, su
reunión con Maugé, el Saint George incendiado, el encuentro con Claire,
con Patricia, con su madre al fin y al cabo, el viaje al ColdStone,
Allison saliendo totalmente impune de su casa y negando su obvia implicación
con los sucesos en aquella heladería olvidada y, finalmente, los diarios en su
cuarto. Lo cierto es que no quiso contarle nada a Sam y debió correr a su
habitación, apenas llegaron, para esconder esos cuadernos, que seguían encima
de su cama.
—¿Qué pasó, Zach? —le preguntó Sam, arqueando
repetidamente las cejas con una sonrisa burlesca—. ¿Te pillamos in fraganti
viendo videos guarretes y quieres esconder la evidencia?
El chiste le había caído como una piedra pero
al menos había desviado la atención de cualquier posible sospecha. Habían
llegado cansados y con hambre. Ariadna gestionó la preparación de la cena y, no
bien habían comido, sus cuerpos empezaron a reclamarles descanso con tal
intensidad que Zach casi no tuvo tiempo de prepararles el sofá cuando ya habían
caído rendidos por completo.
Ver a Sam durmiendo junto a esa chica, aunque
fuera de esa forma casi infantil, le generaba un cúmulo de dudas que se
amontonaban en el centro del pecho y le hacían sentir un calor inusitado.
Alguna parte de él deseaba ser quien compartiera sofá con Nicole, mientras otra
más consciente le advertía que ese deseo era la voz de su cansancio, añorando
la tranquilidad de pasar la noche con una mujer como ella, de ésas que cada
pequeña cosa de su fisonomía te invita a acompañarla por el resto de la vida…
si acaso llegaras a sobrevivir al tercer mes, cosa para la que seguramente no
estabas dotado. Zach no podía permitir que su mente le jugara sucio cada vez
que una mujer se le pusiera en frente. Ya habría tiempos más propicios para
proyectos de cama y otras índoles. Por el momento no podía permitirse esa clase
de distracciones, y menos cuando no sabía el tipo de relación que su hermano
tenía con ella.
Después de un rato leyendo cuadernos viejos,
tomó el más nuevo de entre todos. Leyó el contenido de un día, transcrito en la
tercera hoja, otro a la mitad del cuaderno, y corrió las páginas hasta el
final, para darse cuenta de que casi todas estaban en blanco. Retrocedió hasta
la última hoja escrita y leyó lo que allí decía, marcado con fecha del 25 de
agosto de 2024: Sam se despedía de la labor de continuar con su diario. Algo no
le cuadraba con esa despedida.
Empezó a revisar los otros cuadernos que ya
habían pasado por sus manos y, después de abrir y cerrar unos siete, encontró
lo que buscaba. Con unas hojas poco más que anacaradas por la vejez y con fecha
del 16 de septiembre de 2018, Zach leyó las palabras que finalmente lo
despertaron de su vergonzoso letargo sensorial.
¿Qué día es hoy? ¿Lo has leído bien? Sí,
seguro que has leído bien. Pero, ¿has leído todo lo bien que se puede leer? Por
supuesto. Nadie duda de ti, querido Sam. Y nadie duda de ti porque eres un ser
omnisciente, un narrador omnisciente de tu propia vida y de la vida de otros; y
con un título como ése no podrías equivocarte. Con una labor como ésa jamás
podrás parar, aunque signifique cambiarte constantemente, aunque signifique mutar
y que tus letras muten. Después de todo eres el narrador omnisciente y ya no
depende únicamente de ti el que escribas o no. Hay vidas que penden de que las
pongas en letras, de que les des su hálito vital, por más pánico que te dé y
por más ganas que tengas de acabar con todo lanzando tus palabras a un basurero.
Por eso debes de saber que estás atado a estas líneas y tu único compromiso es
seguir escribiendo, sin parar jamás; debes de saber qué día es hoy realmente.
Porque si algún día dejaras de escribir, será únicamente porque tu omnisciencia
deja de ser un don creador y en cambio sólo produce muerte y devastación. Y el
día que eso pase, debes hacer lo correcto: borrarte, retroceder sobre tus
palabras y reinventar el mundo con tus letras hasta el punto feliz donde
parezca congruente que te detengas. Pero eso sí, d6éjate una pista por si algún
día consigues la valentía para regresar. Déjate una pista que sólo tú puedas
desentrañar, incluso si llegaras a olvidar cada cosa que alguna vez supiste de
ti mismo. ¿Has leído bien, querido Sam? Sí, estoy seguro de que has leído muy
bien. Pero, ¿has leído todo lo bien que se puede leer? ¿Qué te parece si, para
asegurarnos, leemos una vez más?
Allison conducía a toda velocidad. En casa
había pasado cinco minutos sin recordar su nombre ni el de su hija. Al buscar
dentro de sí, sólo encontraba uno: Leslie Field. Luego los recuerdos
regresaron, pero nada logró calmarla. Ahora temía una pérdida total de memoria
en cualquier momento. Sospechaba, además, que Rickmont la había descubierto y
ahora iba tras ella y Maggie.
Seguía cavilando cuando su InCom
comenzó a sonar. En la pantalla iban apareciendo, uno a uno, a gran velocidad,
todos los rostros y números de sus contactos personales, como si el aparato
hubiese enloquecido. Sabía que era Maugé. Siempre usaba un cifrado que clonaba
las señales propias del InCom, de
modo que su llamada no era técnicamente irrastreable, sino que en realidad
permitía rastrear a otros cientos de números reales, simultáneamente, mientras
que el suyo permanecía inaccesible. No quería escucharlo, y se debatía entre
atender o no cuando el InCom contestó automáticamente la llamada sin que
ella pudiese evitarlo. El rostro de un asiático de cabello violeta apareció en
el panel holográfico.
—Lamento la invasión, querida Allison, pero
no podía darme el lujo de esperar tu decisión.
—Odio cuando haces eso —le contestó Allison,
con evidente desdén—. Realmente es repugnante tu megalomanía… incluso en estas
minucias.
—Es que no puedo entender cómo tardas diez
segundos en contestarle a la única persona en todo este planeta que realmente
está interesada en ti.
—Estaba atendiendo otra situación.
—Entiendo que conducir sin piloto automático
sea algo complicado de compartir con hablar por InCom. Por eso decidí
ayudarte.
—¿Cómo sabes que estoy conduc…? —empezó a
preguntar Allison alarmada—. No sé ni para qué pregunto.
—Es cierto. Sabes que no puedo descuidarte.
Tu bienestar es mi responsabilidad. Ya son más de veinte años de eso, querida
Allison. Quizás para ti sea agua derramada, pero a mí sí me late el corazón
bajo la camisa. Tú sabes que siempre te he sentido como una hija.
—Deja el discurso sensible para las
festividades, Christopher. Y dime de una vez para qué llamas.
—Para que dejes de jugar a la caperucita roja
y no corras directamente a la boca del lobo.
—¿Y qué se supone que debo hacer? —preguntó
Allison al borde del grito.
—Venir conmigo. Después de lo del Memory, he
recogido mis cosas y he aplicado el plan de contingencia. Voy camino a nuestra
casa segura.
—No puedo ir contigo, Christopher. Ya lo he
decidido.
—Y yo no he pedido tu opinión.
Dicho esto, el volante del deslizador dejó de
responder a las órdenes de Allison y empezó a seguir las de Maugé, quien lo
controlaba de forma remota. El coche dio una vuelta sobre sí y empezó a
deshacer el camino andado.
—Lo dicho. Maldita tu megalomanía.
—No se maldice a alguien que trata de salvar
tu vida.
Allison se quedó callada, rumiando.
—Ahora yo tengo acceso al sensor que dejaste
en casa de Zach —continuó Maugé— y tengo a tres hombres armados a la espera de
movimiento. Necesitamos a Sam… y lo tendremos. Pero también necesitamos
escondernos, como antes, por un buen tiempo, mientras se calman las cosas y
consigo que Caroline vuelva a ser quien era. Sólo de esa forma podré establecer
un vínculo forzado entre ella y Sam a través de lo que queda de mi última
esfera de memoria, para recuperar la información que perdí por los destrozos
del Memory.
—¿Y qué pasará conmigo? ¿Y con mi niña? —le
dijo Allison aliviando un poco el tono—. ¿Será que algún día terminarás de
cumplir la promesa que nos hiciste? Yo necesito que eliminemos cualquier rastro
posible en ella. Hoy le pasó algo que me tiene temblando. Y a mí también.
—Lo sé, pequeña. He visto la grabación. Y
despreocúpate, que nunca he dejado de cumplirte mis promesas y ésta no será la
primera vez. Por ahora necesito que dejes la rebeldía y me ayudes con Caroline.
Creo que puede pasar más de una semana antes de que se recupere. Y pienso que
la Colmena va a estallar en las próximas horas. Necesitamos estar ocultos del
mundo antes de que amanezca. ¿Cuento contigo, entonces? Sabes que odio llevarte
a casa por la fuerza.
—Muy bien. Cuentas conmigo —le dijo Allison
mientras miraba a su hija, que dormía inocentemente en el asiento trasero.
Zach tuvo que leer las palabras de ese 16 de
septiembre más de cinco veces antes de entender adónde lo dirigían. Leyó los
días anteriores y posteriores a esa fecha y nada parecía anticipar ni ser
consecuencia de tal texto tan desencajado. Ese día parecía la evidencia
incrustada de una neurosis compleja que en nada tenía que ver con la
naturalidad y frugalidad con que Sam vivía sus días. Era cierto que Sam en
ocasiones resultaba un tío impredecible en su desorden; uno de esos sujetos que
se dejan un calcetín de un color y otro del otro sin darse cuenta, y uno de
esos artistas que un día dibujaban como si vivieran en pleno Renacimiento y
otro como si fueran viajeros del tiempo y regresaran al presente, después de un
viaje a dos siglos adelante, de donde se habían traído los secretos de las
artes plásticas del futuro. Era cierto, también, que Zach no era precisamente
un conocedor de las letras de su hermano, ni siquiera con todo lo que ya había
leído ese día en su cama. Pero, aun con todas esas cosas en mente, no parecía
razonable que Sam hubiera escrito algo como lo de ese 16 de septiembre.
—Y si… —A Zach los ojos se le pusieron como
platos ante la sola idea—. Ariadna, aumenta la iluminación del cuarto un 50 por
ciento.
Ante la nueva iluminación, Zach comenzó a ver
algo en aquellas líneas, pero todavía no era suficiente. Necesitaba más.
—Aumenta la iluminación otro 30 por ciento más.
—¿195 vatios? Sé que este apartamento no
trabaja bajo las regulaciones de la Corporación, pero estudios oftalmológicos
recientes determinan que…
—¡Estudios oftalmológicos mis cojones!
—Tus cojones y mis receptores lumínicos, que
ambos importan.
—Creo que voy a tener que actualizar tu
comprensión del sarcasmo, Ariadna. Aumenta un 30 por ciento más. Punto.
—Listo. Pero no he encontrado actualización
para la comprensión del sarcasmo. ¿Lo pongo en tu wishlist?
Con ese porcentaje de luz adicional, Zach fue
capaz de ver con detalle lo que se le había presumido antes a sus cansados
ojos. Debajo de lo escrito el 16 de septiembre había un párrafo entero, de
igual dimensión, que en su momento había sido borrado y sustituido por el
actual. No podía saber qué había escrito Sam antes, pero las marcas del trazo
del lápiz habían quedado como evidencia de que antes había escrito otra cosa
muy diferente. Ni una palabra parecía coincidir.
«Déjate una pista que sólo tú puedas
desentrañar, incluso si llegaras a olvidar cada cosa que alguna vez supiste de
ti mismo».
Zach pensó que ese texto tenía que ser la
puerta a otras cosas. Revisó las páginas anteriores y siguientes para ver si se
repetía la situación, comprobando que el único caso aparente era ése.
«Porque si algún día dejaras de escribir…».
De repente, se sintió como poseído por el
poder de una epifanía. Lo que buscaba estaba relacionado a aquello de dejar de
escribir y por ello debía buscar dónde paraba la escritura. Soltó el viejo
cuaderno y rebuscó en la cama el cuaderno donde estaba transcrito el último día
de su diario. Pero no encontró nada.
«Y el día que eso pase, debes hacer lo
correcto: borrarte, retroceder sobre tus palabras y reinventar el mundo con tus
letras hasta el punto feliz donde parezca congruente que te detengas».
Ya casi se daba por vencido cuando, pasando hacia
atrás las páginas del último diario, encontró lo que había estado buscando.
Antes de ese 25 de agosto de 2024, el último
día de su diario, había una serie consecutiva de más de cincuenta páginas que
habían sido borradas y rescritas por completo. En todas ellas se leían ahora
anécdotas sin importancia, pero Zach estaba convencido de que debajo de ellas
encontraría secretos muy complejos, seguramente relacionados con el mentado
Némesis. Al principio no había sentido la necesidad de saber qué era lo que
estaba escrito debajo del texto de ese 16 de septiembre, porque de alguna
manera pensaba que lo que estaba debajo no era relevante. Creía que Sam había
borrado el contenido original de ese día para dejarse esa extraña pista. En
cambio, debajo de esas 55 páginas antes del final del diario, la única
posibilidad razonable es que hubiese palabras de muchísima importancia. Ahora
tenía que desentrañarlas.
Tomó su InCom y escaneó la página
donde estaba transcrito el día 24 de agosto y, una vez hecho, la transfirió a
la HLScreen para poder mirarla con más detalle. Le pidió a Ariadna que
borrase las palabras en grafito y resaltase las que habían sido borradas. Su IA
consiguió un programa en línea que le permitía hacer esto y cinco minutos
después Zach veía cómo la imagen del diario iba cobrando una nueva forma, con
unos trazos rojos sobrepuestos a los del lápiz. Lo que iba leyendo, palabra a
palabra, aun con todos los errores de la trascripción de Ariadna, lo estaba
dejando sin aliento.
Esto es una muestra. Podremos acabar de leer el capítulo en cuanto se publique la novela MEMORIAS DEL PORVENIR, que próximamente saldrá a la venta para recaudar fondos en beneficio de la Asociación Síndrome de Marfan, SIMA. Disculpa las molestias. Gracias por tu comprensión.
Menudo ejercicio de arquitectura para ir dando sentido al edificio:el doble camino que recorren los personajes a través de los escritos en sendos cuadernos(el diario de Sam y las anotaciones de Torres)para ir desvelando la verdad, seguramente me decante por algo de esto...no sé , no sé.
ResponderEliminar¡Da miedo el panorama que presentas! Muy apocalíptico. Desde luego es una "gran gota"
Gracias Elena. Me alegra que te haya gustado. Para este capítulo me ha tocado trabajar con muchas variables que debían irse cerrando progresivamente, y esta fue la ruta que encontré. Saludos.
Eliminareim...desapareció mi comentario :/ Decía en el que estaba muy bien, encontraba algún posible fallo como decir lo de los samurais...aunque pienso que puede ser una decisión personal...los samurais eran bastante lentos devido a sus pesadas armaduras, supongo que te referias a los ninja. Con todo muy bueno y deja un chiflabnder ( o como se escriba eso) muy emocionante y que parece acelerar la novela. Apertas.
ResponderEliminarRuAn, gracias por ese dato. Efectivamente quería referirme a los ninja. Ya lo avisaré para que se cambie. Y creo que de lo que hablas con respecto al final del capítulo es de un "cliffhanger". Me agrada que te haya dado esa sensación, pues esa era precisamente la sensación. Un abrazo (eso es lo que significa "apertas", ¿no?) para ti también.
EliminarAcabo de leer tu enorme capítulo (en sentido literal y figurado). Veo que la historia avanza con tintes de guerra civil mundial además de guerra contra extraterrestres. Eso me gusta. Veremos como será ese desenlace en los próximos capítulos.
ResponderEliminarSobre la escritura de tu capítulo te diré que huele cómic: a mezcla de «Los niños de Brasil», «X-men», «Los cuatro fantásticos» y a la serie televisiva de los años 80 «V». Tus personajes adquieren un toque un poco menos realista que en capítulos anteriores, tomando un cariz mucho más fantástico. Así que encuentro que es un perspectiva novedosa y creo que puede ser atrayente para el lector.
Lo único que me desagrada (lo siento pero creo que es mejor decirlo que callármelo por bien de la novela) es que has utilizado la voz del narrador, (que hasta ahora venia mostrando fragmentos a través de lo que conocen, ven, viven y sienten los personajes para que el lector comprendiese y dedujese), de forma absolutamente aleccionadora e independiente de los personajes e historia que sucede. En tu capítulo, al narrador, en cuanto le viene en gana, y sin usar recursos como el visionado de unas imágenes, ni conexiones con lo que saben los personajes, etc... le da por contar toda la historia (vista desde el prisma absoluto de saberlo todo de pe a pa) de lo que sucedió (que ya se deduce de los capítulos anteriores) y de lo que sucede en el mundo, como si de un profesor de historia se tratara dando una clase. ¿Y que me ha ocurrido con eso? Pues que al leerlo, la emoción y la tensión que había acumulado de capítulos anteriores se me han venido abajo. Si al lector no se le deja espacio a la deducción porque se le cuenta que esto fue por eso, esto por aquello, esto vino así, lo otro allá y esto pasa así, así y así,... el lector puede sentirse un poco.... como explicarlo.... como un niño pequeño al que le están dado todo en papilla porque se supone que no puede tragar por sí solo (sé que es un ejemplo idiota, pero no se me ocurre otro, lo siento).
Echadle un vistazo a eso, por favor.
Por lo demás, me encanta que haya estallado la guerra y que el Mesías ya esté cerca.... ¡menuda historia estamos construyendo entre todos!
Olga, me paseaba por mi capítulo, para recoger unos apuntes necesarios para hacer el resumen, y veo tu comentario. Por eso te contesto tan tarde. Muchas gracias por tu sinceridad.
EliminarEntiendo perfectamente tu punto de vista, y te digo cómo lo veo yo desde el mío. Hay dos capítulos que pude haber escrito, para esta, mi convocatoria: 1. El que yo realmente quería escribir. 2. El que me tocó escribir.
En el que yo realmente hubiera querido escribir, seguramente hubiera narrado un máximo de dos días, para tener la posibilidad de extenderme más en las acciones de los personajes y no tener que recurrir a tanta papilla. Además no hubiera sobreexplicado cosas que bien podrían haberse entendido por contexto o que podrían haberse dejado para otros capítulos. Por último, de tomar esta opción, probablemente ni hubiera narrado el estallido de una guerra, ni la mudanza a una nueva ciudad, prácticamente desconocida por 7 capítulos enteros, lo cual es un recurso que me parece que puede desagradar a buena parte de los lectores, quienes podrían creer, con justicia, que en ese mundo solo existían las colmenas.
Ahora está el capítulo que me tocó escribir, el octavo, cierre del segundo módulo de la novela, que debía dar paso a la posibilidad de un cierre absoluto en 4 capítulos, faltando más de 40 días de trama para llegar al punto que desde el capítulo 4 se determinó como el final. Ya eso, de por sí, me obligó a hacer un capítulo con una estructura narrativa más pobre, para poder narrar tantos días. La elipsis fue una obligación más que una decisión estética. Y de la necesidad de la elipsis, surgió la necesidad de un cúmulo de acciones que favorecieran el contar, sin tanto detalles, lo que pasaba a lo largo de 37 días. La guerra ofrecía esa oportunidad, lo mismo que el entrenamiento aislado en la Tina, la reclusión en la casa segura y el viaje de Jensen por medio mundo. Seguro que habían otras opciones válidas para promover la elipsis, pero estas fueron las que se me ocurrieron a mí. De allí que diga que fue la elipsis, casi, quien parió estas ideas.
Lo siguiente viene de las conversaciones entre el equipo de corrección. A lo largo de la novela, hemos dejado pasar, sin querer, algunos errores de trama en diferentes capítulos. Por ejemplo, y esto ya lo he mencionado antes, la descripción que tú haces en tu capítulo de cómo, a cuánto tiempo y distancia descubren el Mesías en el 99. Esto era algo que resultaba incómodo y que si no se arreglaba al momento, tocaba arreglarlo durante la corrección final. Yo me he ofrecido a corregirlo en mi capítulo, pero como no tenía una buena base narrativa para explicarlo, o mayor espacio, me ha tocado hacerlo como una papillita.
Ya para finalizar (casi), había una serie de puntos con los que estábamos teniendo, una y otra vez, problemas en el área de revisión de trama, porque los escritores parecían no estar entendiendo parte de los argumentos de la novela, que no es que fueran nuestra posición de preferencia, sino que eran la deducción lógica de las acciones anteriores. Por ello, yo me ofrecí a aclararlos, para que existiera como base un capítulo en donde se hablara de todas estas cosas, y así tenerlas de referencia para futuras revisiones. Ya veremos luego si fue tan útil como se intentó que fuera.
(continúa)
(continuación)
EliminarSumando todas estas cosas, quedó el capítulo más largo y fastidioso de la novela, pues es poca la acción y mucha la narración plana y la explicación plana. Pero, nuestra idea es que al final de la novela, cuando toque hacer la corrección final, mi capítulo sufra un vuelco, que le elimine buena parte de su dimensión, de sus explicaciones excesivas, etc. Porque hay cosas que se dicen en mi capítulo, que se pueden colocar en otros, sea antes o después. Por ejemplo, en tú capítulo es donde se habla del Mesías por primera vez, y ocurre el error ya mencionado. Si bien ya el error fue reparado en mi capítulo, se podría reparar desde el tuyo, y así yo me elimino la necesidad de colocarlo en el mío, y así nos deshacemos de unas cuantas palabras papillosas. Por supuesto, en ese caso, tú tendrías toda la libertad de escribirlo como mejor te parezca. Y si ya definitivamente no quisieras escribirlo, pues entonces mi capítulo seguiría estando de respaldo. Esa era la idea de mi capítulo a fin de cuentas.
Y si empiezas a sumar todas las cosas que son trasladables (por ejemplo la introducción y explicación sobre lo que es la Tina, que podría colocarse en el capítulo 7, ya que es donde se entra por primera vez en tal territorio), verás que mi capítulo se va despojando de letras y de exceso de papilla. Mi fantasía es que, al hacer la corrección final, pueda eliminar cuando menos unas 5.000 palabras, para que mi capítulo termine por parecerse más al que a mí me hubiera gustado haber escrito, y no al que me tocó escribir.
En fin, espero que no te tomes esto como una larga justificación de alguien que no acepta críticas. Por el contrario, las acepto, las agradezco y son la confirmación de la impresión que siempre tuve mientras escribía mi capítulo, y que todavía sigo teniendo. Es un alivio saber que alguien ve el capítulo con ojos similares a los míos.
Un abrazo... Y nos vemos en la corrección global al final de la novela.
Jolín, que largas son tus explicaciones... entiendo lo que me cuentas perfectamente y es comprensible. Pero mi comentario fue el resultado de ponerme en la piel lectora, ajena al proceso de creación, para mirar solo los resultados legibles, como acostumbro a hacer en mis talleres literarios para ver con ojos lo más parecidos posibles a los lectores desconocidos que aguardan a la novela, porque el lector que compre el futuro libro no atenderá a explicaciones, ni motivos, ni nada que se le parezca. Solamente le gustará o no lo que lea, y eso hará que recomiende o no el libro a otros.
EliminarMe quedo tranquila sabiendo que tienes en cuenta lo de la «papilla» para la corrección global, así como los errores que veo que vas encontrando en mi capítulo. ¡Perfecto! Cuanto más pulamos la novela, más éxito tendrá luego y mejor podremos ayudar con ella a la Fundación SIMA.
Te mando un abrazo.
Bueno Víctor, aún no había comentado tu capítulo. Lo quería leer otra vez y eso he hecho, aprovechando el parón que tenemos. Me parece un capítulo tremendo, y muy denso, en el buen sentido de la palabra. me refiero a que no has dejado nada al azar, todo está pensado al milímetro para dar atar hilos y dar soluciones. Muy completo. Enhorabuena, grandísimo trabajo.
ResponderEliminarY decir que gracias a tu capítulo ya comprendo un poco mejor la novela, porque entre nosotros, hasta ahora llevaba un poco de lío. Imagino que será por el hecho de leer de mes en mes.
EliminarVicente, gracias por tus palabras. Me alegra saber que mi capítulo es útil para la comprensión de la novela, porque se podría decir que esa fue su principal intención. Y bueno, lo de no dejar nada al azar, eso fue gracias al equipo de revisión. Sino, probablemente se me habrían pasado mil detalles.
EliminarSaludos.
Vengo más tarde de los normal a comentar por aquí. Coincido con Vicente en darte las gracias, a pesar de todos los capítulos y quizás por el hecho de que se van leyendo de mes en mes, es de agradecer un poco de lucidez y resumen de la novela. Me gusta mucho como se va resolviendo todo, el curso que va tomando la historia de los distintos personajes. Además ese toque de "superhéroe" me fascina, creo que le viene muy bien a la novela y abre mayores posibilidades a su lectura. Felicidades ^^
ResponderEliminarGracias Verónica. Yo también vengo más tarde de lo normal a responderte. Me alegra que te haya parecido esclarecedor el capítulo, y que ese toque superheroico te haya gustado. Ahora falta ver cómo termina todo... Jejeje.
EliminarVíctor, yo voy repasando de nuevo la novela para tener las ideas más frescas, me quito el sombrero ante este derroche de imaginación y buen escribir a pesar de la obligación de mantener un hilo y una coherencia con el resto de capítulos. Un honor, ahora que lo sé, colaborar contigo en el último capítulo, saludos!!
ResponderEliminarHola Susana. No me había fijado que me habías escrito. Gracias por tus palabras. Como ya dije por allí en el capítulo 12, también es un honor para mí compartir capítulo contigo. Ya quiero ver lo que prepares para darle color al final.
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