A principios de los años 80, el voleibol
femenino en Estados Unidos no pasaba del umbral de deporte amateur. Pero en el
transcurso de la década, la selección norteamericana se haría con la medalla plata
en los Juegos Olímpicos de los Ángeles.
Un equipo formado por auténticas estrellas
fue el encargado de superar la falta de patrocinio, la escasez de medios y equipos
y de hacer crecer como nunca hasta entonces el interés por su deporte. Y no es
de extrañar, pues en aquella constelación de jugadoras de oro que ganaron la
plata, brillaba con luz propia la que llegó a ser bautizada por el
seleccionador olímpico, Arie Selinger, como
«La diosa del voleibol».
Si tenéis vértigo, coged aire antes de seguir
leyendo, pues hoy volaremos alto, muy por encima de la red.
Conozcamos a Flo
Hyman.
