“Quis custodiet ipso
custodes?” (¿Quién vigila a los vigilantes?). Juvenal
Ver es recordar. Esa frase
la tenía grabada en su memoria desde su más tierna infancia. Su abuela la
repetía una y otra vez y ella jamás se había cuestionado la veracidad de la
misma, hasta que comenzó a trabajar en la planta de autopsias y discriminación
de restos orgánicos del Memorial Union Institute.
El turno de noche no era
el mejor. Habitualmente tenía más trabajo que el diurno. Es lo que tenía la
muerte, era caprichosa y le gustaba hacer sus visitas cuando los hombres
estaban desprevenidos. Esa también era una frase de su abuela. Últimamente
pensaba mucho en ella. Un escalofrío le recorrió la espalda. “Piensas demasiado
en la abuela, Patricia, ¿no será que te está llamando a su lado? ¡Tonterías!”,
se dijo. Y volvió a la cómoda lectura de su RNA
holograf, que incluía de regalo más de mil títulos de novelas románticas,
sus preferidas. ¡Adoraba ese aparato! desde que aparecieron en el mercado era
una auténtica adicta a él, reconocía su voz y pasaba de página con un golpe de
vista.

