“Me gustan más los sueños del futuro que la historia
del pasado”. Thomas Jefferson.
Era posible
escuchar el sonido del silencio en el exterior de la sala número cinco. Estaba
ocupada. La luz roja sobre la puerta así lo indicaba. El sistema de
autentificación biométrica a un lado de la puerta todavía conservaba la
geometría del árbol de las venas de una mano. Pertenecían a la enfermera que se
encontraba en el interior, junto a Nicole. Ésta dormía plácidamente, tendida
sobre una cama situada justo en el centro de la estancia cuadrada. Un cuadrado
perfecto. Sólo se escuchaba el sonido de sus constantes vitales reflejadas en
un monitor a su derecha. Unos cables conectados bajo la pantalla avanzaban como
tentáculos hacia su cuerpo, atrapándola con sensores situados sobre su cabeza y
su pecho. En la pared del fondo una pantalla de cristal mostraba su imagen
previamente filtrada por un escáner térmico. El color amarillo predominante
confirmaba que la temperatura se mantenía estable, a 34 grados, la necesaria.

