“Me parece que siempre seré feliz allí donde no estoy”. Baudelaire
No lo vio. Juraría
que su deslizador estaba en la posición de conducción automática, pero no trazó
la curva que dibujaba la calle y terminó contra un grupo de árboles CoDos. No sabía qué podía haber fallado.
No había visto cómo su deslizador había recibido una serie de órdenes que
hicieron variar el conmutador de conducción automática a manual. No podía
moverse. No oía, ni siquiera su propia voz llamando a su mujer y a su hijo.
Intentó mover la cabeza para buscarlos, pero sólo podía agitar sus ojos. No
sentía su cuerpo y notaba cómo su visión se teñía de tonos rojos. Tampoco vio
al hombre que se acercó a él ni sintió cómo le colocaba el dedo en la yugular. Pero
sí sintió cómo le sujetaba la cabeza, y cuando creyó sentir el consuelo de la
ayuda, un violento tirón hacia atrás apagó su vida.

