“El
lugar que amamos, ése es nuestro hogar; un hogar que nuestros pies pueden
abandonar,
pero no nuestros corazones”. Oliver Wendell Holmes
pero no nuestros corazones”. Oliver Wendell Holmes
Zach
apenas tuvo tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo. Las explosiones le
sorprendieron en el cuarto de descanso. Le pareció que aquel estruendo sonaba
lejano, así que no le dio importancia. Lo atribuyó a otra acción de los
Vigilantes contra insurgentes de la
Tina en alguna mansión de los alrededores. No tardó en oír pasos
apresurados y gritos en los pasillos, y eso fue lo que le alertó. Salió del
cuarto y, sin saber por qué, echó a correr tras los que corrían hacia el centro
de control.
Jacques le interceptó a medio camino.
Corría en dirección contraria a los hombres a los que Zach seguía. Iba armado y
cargaba con un curioso casco compacto. El investigador no recordaba haber visto
antes ninguno igual.
—¡Ven conmigo! —le ordenó.
—¿Qué está pasando? —preguntó Zach,
tratando de no perder el ritmo.
—¡Tenemos que sacaros de la base!


